ÁLVARO YUNQUE:
La Pasión por lo Humano, por Orfeo Pecci


Hay autores que marcan indeleblemente nuestra sensibilidad. Para quien esto escribe como para muchos argentinos - Alvaro Yunque es un referente ineludible, no sólo por la calidad de sus poemas, cuentos y ensayos, sino también por la ética de una existencia consagrada a la emancipación del hombre. Porque en Yunque estos dos atributos fueron indisolublemente unidos a los largo de su dilatada experiencia vital y literaria. Perseguido por los gobiernos autoritarios de turno, las escasísimas reediciones de sus obras desde la apertura democrática, suman injusticia al inexplicable olvido de los agentes de la cultura.

LA FRAGUA DE UNA VIDA

Aquél que firmaría sus numerosos libros y artículos como Álvaro Yunque nació en la ciudad de La Plata bajo el nombre de Arístides Gandolfi Herrero, el 20 de junio de 1889 en el seno de una familia acomodada. Después de trasladarse a la Capital, la temprana muerte del padre determinó la evaporación de la fortuna familiar y un significativo cambio en la vida de los siete hermanos, entre los que se contaron artistas, deportistas e intelectuales de sobresaliente actuación. Desde muy joven, el futuro escritor se sintió rápidamente influido por autores como Tolstoi (de fuerte impronta en toda su obra) Chejov, Gorki, Barret y de poetas como Baudelaire y Almafuerte. Después de cursar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, el joven Arístides se inscribió en la Facultad de Arquitectura, que abandonó poco antes de obtener el título, para dedicarse laboriosamente al periodismo y a la literatura por el resto de su vida. Inicialmente simpatizante de las ideas anarquistas, Yunque adhirió más tarde al marxismo, cuidándose de caer en los sectarismos que signaron a la izquierda en aquellas décadas. Fruto de ese compromiso ideológico son sus múltiples artículos en La Protesta, La Vanguardia, Rumbo, Campana de Palo, Los Pensadores, y otras publicaciones de izquierda, adoptando el seudónimo de Álvaro Yunque con el que lo identificarían miles de lectores. En las décadas siguientes, la amplia cultura y la honestidad de Yunque también le abrieron las páginas de las grandes publicaciones de su tiempo: La Nación, Crítica, Caras y caretas y otros medios del país contaron con colaboraciones del prolífico autor. Integrante de la Generación del 22, Yunque fue uno de los fundadores del Grupo de Boedo (junto a Elías Castelnuovo, Roberto Mariani, Nicolás Olivari, Leonidas Barletta y otros escritores que expresaban sus ideas en la revista Claridad) jóvenes autores afines a una literatura social, comprometida con la realidad. Los rebeldes boedistas no tardaron en enfrentarse al Grupo de Florida (donde revistaban, entre otros, Jorge Luis Borges, Raúl González Tuñón y Evar Méndez, director del periódico literario Martín Fierro) más atento a las vanguardias esteticistas de la literatura, o al despectivamente llamado “arte por el arte”. Entre los años veinte y cuarenta Alvaro Yunque participó activamente en las peñas literarias y cafés frecuentados por colegas como Horacio Quiroga, Roberto Arlt, César Tiempo, Charles de Soussens, Alfonsina Storni, Cátulo Castillo y otras personalidades de las letras. La popularidad de sus obras, así como su afilada figura, la melena de poeta y la bicicleta negra con que atravesaba la ciudad, convirtieron a Yunque en un personaje reconocido y querido de Buenos Aires.
ITINERARIO DE UN ESCRITOR POPULAR
Después de editar Versos de la calle (1924), Alvaro Yunque publicó Zancadillas (1925), su primer libro de cuentos, al que siguió Barcos de papel (1926), que obtuvo el Premio Municipal y lo consagró como un popular autor de libros infantiles y juveniles. Entre los muchos títulos de su enorme producción narrativa sobresalen Ta- te - ti (1928);
Jauja (1929); Los animales hablan (1930); Poncho (1938) y La barra de los siete ombúes (1959), obras exitosas, que en algunos casos alcanzarán las 20 ediciones. Los cuentos de Yunque exploran con sensibilidad y realismo el mundo de la infancia; sus personajes son por lo general niños humildes u obreros, enfrentados a un sistema injusto y egoísta que los explota y los margina. Es de destacar que la pluma de Yunque tomó decidido partido por los desprotegidos de la sociedad, exaltando valores como la solidaridad, la justicia y la libertad, desde un enfoque que no desdeñó la reflexión moral - tan afín al espíritu de los socialistas de su tiempo- pero sin golpes bajos ni edulcoradas idealizaciones.
La “década infame”, iniciada tras la caída de Irigoyen, convirtió a Alvaro Yunque en un activo intelectual antifascista. Son años intensos, signados por una desbordante creatividad literaria que se traduce en la publicación de artículos críticos, libros de cuentos y de poesía; sobresalen en este último género Nudo Corredizo (1930), Poemas gringos (1932) y el notable España,1936, publicado a poco de iniciada la guerra civil española.
Más tarde llevó a la imprenta su Antología poética (1949), y los Versos rantes (1971) escrito en lunfardo.
Analizando su obra poética, Raúl Larra expresó: “Yunque es poeta por ser la voz del pueblo,